
Los romanos, tan sabios ellos, acuñaron una frase que define uno de los pilares de cierta política: pan y circo. Con estas dos palabras sencillas consiguieron en determinados momentos aplacar los vientos del pueblo, siempre tan cambiantes.
Aunque hoy podríamos variar la expresión: comida basura y cine, rancho y televisión, la realidad que describe de forma tan plástica esta expresión sigue vigente. Démosle pan y circo, comida y diversión al pueblo, y así nos dejarán hacer lo que queramos, especular, robar, desfalcar... Pan y fútbol, diría yo. Y el fútbol se paga. Es curioso que las mayores crisis globales, las noticias más escandalosas aparecen solapadas con eventos deportivos, con la final de la champion, pero nunca con la final del campeonato del mundo de esgrima, los mundiales sí y no tanto las olimpiadas.
El fútbol se paga. El circo, el segundo término de este binomio fantástico, se paga. Cantidades ingentes de dinero parecen aplacar a las fieras que siguen este deporte. Cincuenta, setenta, cien millones de euros. Fuegos artificales para el circo mediático. ¿Y qué nos parece?, pues no nos parece mal del todo, porque se esgrimen argumentos de un capitalismo descarnado, que cada club hace lo que quiere con sus activos, que ellos lo avalan, que ellos lo asumen. Riesgos aparte, pienso, ¿vale algo en este mundo cien millonesde euros?, ¿los vale algo tan insustancial como el undécimo jugador de un deporte de equipo que nos entretiene los sábados por la tarde?
Pan y circo y a veces incluso circo en vez de pan. Chuscos y Ronaldos e Ibrahimovic, y Zidanes y Agüeros y...